Relatos y vivencias de la Regata del Bicentenario

Eran las 9 de la mañana del pasado martes 9 de marzo, cuando una flota magnífica, integrada por 10 "grandes veleros", comenzaba lentamente a dejar sus amarras en la Dársena Norte y el Dique 4 de Puerto Madero, donde durante cuatro días habían sido recorridos libre y gratuitamente por cientos de miles de personas.

Nos visitaron en el marco del "Encuentro y Regata de Grandes Veleros por el Bicentenario" para festejar los "Bicentenarios" de cinco países de América: la Argentina y Chile (organizadores), Colombia, Venezuela y México.

Integran la flota los "buques escuela" de las Armadas de la Argentina, Chile, Brasil, Uru-guay, Ecuador, Colombia, Venezuela, México, Portugal y España, que navegando bajo el lema "con los mismos vientos de libertad 1810-2010 " nos han venido a honrar por los 200 años de gobierno propio.

Cada 45 minutos, los grandes navíos, engalanados y con sus gavieros firmes sobre las vergas de las inmensas arboladuras, uno a uno fueron dejando los muelles. Cada buque, anunciando su partida, lanzaba al viento el sonido de sus sirenas, que eran acompañadas por las de todos los barcos allí presentes. La Banda de Música de nuestra Armada se formaba y los despedía junto a la borda de cada navío, cuando comenzaba a zarpar. La gente los saludaba y ellos les respondían con sus tripulaciones formadas sobre cubierta, cantando a viva voz las marchas de sus respectivos países.



Un día magnífico y festivo vibraba en el aire y acompañaba al gentío que, asombrado y emocionado, aplaudía y vivaba tanta gallardía, tanto entusiasmo y sobre todo el desinteresado gesto de honrarnos en el "Bicentenario" con esta fantástica aventura de circunvalar a vela América del Sur y navegar luego el Caribe, para arribar a la meta final y saludar el Bicentenario de México en Veracruz.



En la salida de la Dársena Norte, al pasar frente al Yacht Club Argentino ( una de las instituciones organizadoras de este fraterno encuentro internacional ) se saludaba su paso con cañonazos de salva, que eran respondidos de igual manera desde los navíos, cuyas tripulaciones seguían bizarramente formadas y cantando. El aire se llenaba del humo de las salvas y de olor a pólvora, del canto de los marinos, los aplausos y el flamear de cientos de banderas, mientras las sirenas seguían sonando a cada paso.

Así fueron saliendo "Guayas" de Ecuador; "Simón Bolivar" de Venezuela; "Cuauhtemoc" de México y "Capitán Miranda" de Uruguay, todos ellos vivados y aplaudidos por la multitud.



La despedida de nuestra emblemática "Fragata Libertad" fue algo muy especial. Al ver a su tripulación impecablemente formada en cubierta y los gavieros en los palos, el entusiasmo de la gente no tuvo límite, acompañaba las canciones de nuestra "valiente muchachada de la armada" y les hacía coro. El sentimiento de patria surgía espontáneamente. Muchos no pudieron disimular las lágrimas y en todos se advertía la emoción que los embargaba.

El "Esmeralda" de Chile, con impecable formación de su tripulación en cubierta y ento-nando sus canciones, desató en la gente un grito especial de apoyo, que parecía tratar de trasmitirles fuerza ante la adversidad. Nos despedían con hidalguía, pero sabemos que vuelven a su país que dejaron pujante y ordenado y hoy por la tragedia que viven, está casi en ruinas.



"Cisne Branco" de Brasil con una bandera gigantesca en popa, se despedía con el orgullo de haber ganado la Regata Río-Mar del Plata en tiempo real y corregido y también su categoría. Nuestra "Fragata Libertad", con sus 3700 toneladas y 324 tripulantes, hubiese necesitado más vientos, fuertes y constantes, para contrarrestar las 1200 toneladas y 89 tripulantes del veloz velero de Brasil, pero igualmente ha sido dignísimo su 2º puesto en tiempo real y en la General y el 1º en su categoría. ¡Felicitaciones Fragata Libertad por tan honroso desempeño a través de las 1250 millas de la histórica regata!

Cuando partían el "Sagres" de Portugal que navegó directamente a Mar del Plata, apenas tocando Recife, porque no llegó a tiempo para largar en Río y el "Juan Sebastián de Elcano" de España, los aplausos y festejos parecieron multiplicarse. Eran nada menos que los "buques escuela" de las naciones de la vieja Europa, que hace 200 años, debieron ceder la libertad de estas tierras y que hoy, hidalgamente, nos honran y saludan con su presencia.



El último en dejar sus amarras fue el "Gloria" de Colombia, cuando eran las 17,30 de ese día inolvidable. Sus coloridos gavieros componían en la arboladura una gran bandera de Colombia. La tripulación formada saludaba y las últimas salvas del día se perdían en el viento.

La gente se fue retirando en un silencio que podía oírse. Los muelles quedaron vacíos y un sentimiento de melancolía los envolvió. Los grandes veleros y sus marinos ya navegan hacia el sur, donde enfrentarán vientos y mares bravíos, habiéndonos dejado en nuestros corazones, grabado a fuego, el espíritu que alienta ésta magnífica y honrosa gesta.

Por Eduardo Olmos (*)
Especial para lanacion.com