RIO DE JANEIRO - FORTALEZA

Luego de una navegación de 7 días desde Río de Janeiro, arribamos a Fortaleza el domingo 19 en horas de la mañana. Fortaleza es una ciudad con muchos atractivos, sus playas, su costanera “ Beira mar”, su gastronomía marítima, su parque acuático “ Beach Park” , entre otros, hicieron inolvidables para la tripulación la estadía en ella. Seguramente donde se logró la mayor diversión fue el Beach Park, parque que cuenta con un sin fin de juegos acuáticos con variados estilos, desde plácidas piscinas con aguas tranquilas hasta el temido INSANO, un tobogán de 41 metros de altura equivalente a un edificio de 14 pisos, con una caída casi en vertical, catalogado como el más alto del mundo. Es una experiencia que genera mucha adrenalina ya que durante el ascenso las personas son advertidas por altavoz sobre lo arriesgado que significa lanzarse desde él, mientras se observa que muchas personas van descendiendo por no animarse a enfrentar ese reto. Muchos valientes de la tripulación pasaron por esta experiencia y algunos se atrevieron a repetirla. Zarpamos de Fortaleza con algunos cambios a bordo ya que el buque cuenta con medios de prensa Semi Oficiales, entre los que tenemos una radio y dos gacetas. La Radio 6400 “ Ilusión “ todas las tardes no divierte con sus informaciones y nos deleita con su buena música teniendo un estilo de “Aquí esta su Disco” sumando comentarios y chistes del diario vivir. Las dos gacetas “La Galleta Marinera” y “Caras del Miranda” compiten entre sí en forma muy amistosa y mantienen a la tripulación pendiente con noticias y comentarios que surgen de abordo así como con entretenimientos. De esta forma van pasando los días alternando maniobras de vela, ejercicios y las tareas propias que requiere el buque para navegar en óptimas condiciones, con actividades divertidas que acortan los días manteniendo el humor y el buen pasar. Inmediatamente a la zarpada de Fortaleza comenzó el preámbulo del cruce, estando este signado por los rituales previos al bautismo que caracterizan esta tradición marinera de años remotos. Los infieles vivían el clima cercano al cruce con el clásico nerviosismo que generaban algunos piratas, que no paraban de rememorar sus experiencias anteriores con una exageración y fantasía que socavaba la mente de los “herejes”. Finalmente el 25 de Abril cruzamos el paralelo 00º conocido como la línea del Ecuador, pero debido al mal tiempo reinante la ceremonia debió ser suspendida para el día siguiente, dando un día más a este particular clima. El 26 de Abril 0830 comenzó el día del tan esperado bautismo, El Comandante le entregó el mando del Buque al “Rey Neptuno” y se izó bandera pirata. Los infieles comenzaron la jornada con gimnasia, para luego ser recluidos en la proa, donde recibieron su primera purificación con agua de mar. Luego, de a uno fueron llevados ante el Rey de todos los Mares “Neptuno”, pasando por diferentes etapas de este ritual, sin olvidarse de su nuevo nombre que provenía de las “profundidades” para poder finalizar el bautismo. El clima fue de mucha alegría en toda la tripulación, y a la noche se compartió una cena donde no existió la frase “infieles”, hubieron actuaciones por parte de los Guardia Marinas recién bautizados y se recibió el tradicional diploma entregado por el Señor Comandante. El 27 de abril, navegando frente a la desembocadura del Río Amazonas, pudimos avistar y disfrutar de la compañía de decenas de delfines que nadaban a nuestro lado, jugando y deleitando a los espectadores que maravillados ante la belleza de estos mamíferos mantenían la vista fija en las verdes aguas. En la madrugada del 30 de abril ingresamos en el caudaloso Río Orinoco por el cual navegamos aproximadamente 160 millas náuticas, hasta llegar a Puerto Ordaz en el interior del territorio Venezolano. La mañana nos sorprendió con el típico clima de selva, caluroso y lluvioso, con el color del agua que nos recuerda nuestro querido y añorado Río de la Plata. A lo largo del día pudimos apreciar una vegetación matizada en variada gama de verdes, contrastando con el marrón del agua surcada por humildes pescadores en pequeñas canoas. Estas surgían a nuestro paso desde chozas y ranchos situados en las márgenes del río, mientras la tripulación los saludaba alegremente. En la mañana del 1 de mayo atracamos en Puerto Palúa en la República Bolivariana de Venezuela.