Puerto de Liverpool y pierna hacia Maloy

En una fría, ventosa y grisácea mañana de Julio ingresamos a la esclusa que nos separó de las muy cambiantes mareas oceánicas en nuestra aproximación final hacia Wellington Dock, la dársena más al norte de la ciudad de Liverpool, cuna de los mundialmente conocidos Beatles. Con una agenda similar a la vivida en Francia, la tripulación pudo disfrutar de varios paseos turísticos por la ciudad y los lugares que formaron parte de la vida e inicios de “Los cuatro de Liverpool’’. Asimismo se realizó el desfile de tripulaciones y el campeonato deportivo entre los buques participantes obteniendo en esta oportunidad el primer lugar en básquetbol y el segundo en fútbol siendo distinguidos además con el premio Fair Play por la corrección deportiva. Finalizamos nuestra estadía con una nueva participación en un desfile naval, en el cual, a pesar del desfavorable tiempo presente pudimos lucir nuestro velamen en todo su esplendor, siendo uno de los escasos buques en lograrlo. Comenzamos a surcar expectantes y ansiosos las frías aguas que separan Irlanda de Inglaterra, Gales y Escocia dirigiéndonos hacia Portstewart, un pequeño poblado al norte de la costa Irlandesa. Durante este recorrido se pudo observar una ferviente actividad abordo; la jarcia firme fue ajustada, las partes móviles lubricadas y los cabos inspeccionados una y otra vez mientras que los kit de reparación y un segundo juego de velas fueron puestos a la orden en cada palo a fin de completar la preparación para nuestro próximo desafío, el integrar la primera pierna de la regata internacional THE TALL SHIPS’ RACES 2008. Finalmente, el despuntar del alba del 23 nos sorprendió serenamente fondeado a pocas millas del punto de salida, tranquilidad que fue rápidamente sustituida con el devenir de las horas por el creciente avistamiento de mástiles de buques. El reloj marcó la hora indicada para ocupar los puestos de maniobra y el cabrestante comenzó a levar trabajosamente la pesada ancla de estribor del buque, el cual viéndose liberado de sus ataduras, comenzó a mecerse con las olas, siendo impulsado por el frescachón reinante al izar velas, pugnando por una mejor posición para la salida. Y fue así, entre viradas y trasluchadas, cazando y filando escotas que comenzamos nuestro recorrido, actividades que se fueron sucediendo recurrentemente aprovechando palmo a palmo cada nudo de viento, con la desazón de las calmas y la alegría de las nuevas rachas que dejaban horizontales nuestros catavientos. La tripulación fue dividida en dos brigadas de guardia, ocupando puestos en cercanías de los palos para reducir el tiempo de respuesta en cada maniobra, intercambiando experiencias y trabajando aunadamente, soportando orgullosamente las gélidas noches mientras ganábamos grados de latitud norte, alcanzando los 62° 30.1’ N, posición más cercana al polo norte que la distancia que separa a la base antártica Uruguaya “Artigas” del polo sur. Por capricho de Eolo, el arribo a nuestro destino se hizo esquivo durante toda la tarde del 29 hasta que, finalmente, bajo las luz mortecina del “sol de medianoche”, a las 01:58 del 30 de Julio, al comienzo de nuestro séptimo día de regata, cruzamos la meta entre medio de los aplausos y vítores de alegría de toda la tripulación con la satisfacción del deber cumplido. Ocupamos el décimo lugar entre veinte veleros de clase A y el vigésimo tercero en la tabla general entre todos los navíos participantes, concluyendo así una de las más importantes experiencias de toda nuestra derrota y dando lugar a otra, el navegar hacia el puerto pesquero de Maloy, por los fiordos de Noruega.